En Laredo hay tres calles paralelas que conectan el Ensanche (véase “el pueblo”) con el Puntal: una de ida (Avenida de Francia), una de vuelta (Avenida de la Libertad) y una de ida y vuelta (Avenida Derechos Humanos). En estas tres avenidas existen los mismos baches hace tantos años que es posible identificar si alguien es local ―o visitante habitual― observando la precisión con la que los esquiva. Hace mucho tiempo que me pregunto, y seguramente no esté sola en esta pesquisa, cuál es el motivo que impide arreglarlos.
Viví en Laredo hasta los diecinueve años, en los veintitrés años siguientes he ido volviendo y pasando temporadas cada vez más largas en la villa pejina. En todos estos retornos al origen, al cruzar Carlos V hacia el Puntal, siempre espero con ilusión que alguno de estos baches haya desaparecido pero, tristemente, no sucede. Cambian los coches, cambian los baldosines y colores de las residencias, aparecen y desaparecen obras y andamios, aparece incluso un carril bici (¡gracias!) pero ahí siguen los mismos baches (sumándose nuevos, claro). Es posible que algunos ya estuvieran ahí cuando mis padres me llevaban y traían del colegio.
Es importante recordar que durante todo el año ―y no sólo en verano― existe un Laredo más allá de Carlos V y del hospital. El año pasado mi coche, aparcado en este Laredo muchas veces olvidado, apareció con una contundente raya en el lateral muy probablemente marcada por alguna bicicleta esquivando un bache. No la culpo, sortear los baches de estas avenidas en temporada alta en bicicleta o vehículo tiene alto riesgo de choque con elementos estacionados o en movimiento.
Es triste que tantas personas hayamos memorizado los baches de estas calles y que además, como si esos desperfectos no fueran suficiente, con el tiempo se instalen con goma y tornillos ―y de forma oficial― nuevos obstáculos urbanísticos que memorizar.
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